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Coach, fundadora y eterna estudiante

Muchas identidades en la industria del wellness. Silvana Galletti, Head Coach de barré en Síclo y cofundadora de Orii, inaugura nuestra serie de conversaciones.

Aitana

Aitana

Co Founder - CMO

4 de octubre de 2026Signals
Silvana Galletti entrenando en una barra de barré

Silvana Galletti es Head Coach de barré en Síclo, uno de los estudios de fitness más grandes del Perú, y cofundadora de Orii, su nueva marca de electrolitos, que nació de su propia frustración como consumidora. Antes de dictar su primera clase lideraba un equipo de catorce personas en el mundo corporativo, y su llegada al coaching se decidió en una audición a la que estuvo a punto de no ir.

En esta conversación, la primera de nuestra serie ‘Women in Wellness’, Silvana cuenta cómo sostiene la carga física de enseñar todos los días, cómo usa la información de su ciclo menstrual, y en qué consiste la "flexibilidad sincera" que guía su manera de comer. También comparte el framework que recomienda a las mujeres que entrenan y aun así se sienten agotadas, sin ver resultados ni mejoras.

Pero mejor, dejemos que Silvana lo cuente.

Aitana: Hola Sil, bienvenida, y gracias por ser la primera invitada de Women in Wellness. Me encantaría empezar por preguntarte: ¿cómo comienza tu camino en el mundo del bienestar?

Silvana: Más que entrar al wellness, siento que el wellness siempre estuvo ahí: siempre fue parte de mi vida, esa búsqueda de sentirme y ser un poco mejor. Hoy vemos a adolescentes súper interesados en la salud, el movimiento y la nutrición, para quienes entrenar casi todos los días o comer saludable es completamente normal. Pero hace no tantos años eso era mucho más nicho, incluso se veía como algo extremo. Desde muy chica tuve esa curiosidad, y la compartía con mi melliza, que es nutricionista. A las dos nos apasiona; yo estuve a un pelito de estudiar nutrición.

Cuando el wellness se volvió tendencia, pude convertirlo en algo más central y perseguirlo como carrera.

Aitana: ¿Cuál fue el primer pilar del wellness con el que entraste en contacto, ese que de alguna manera te enamoró?

Silvana: El más inconsciente fue el movimiento. Siempre he sido súper deportista. Mi mamá empezó tarde a hacer deporte y yo empecé a copiarla: iba al gimnasio desde la edad exacta en la que me dejaban entrar, y llevaba a mis amigas del colegio y de fuera. También hice muchísimos deportes en el colegio. Me interesaba explorar distintas maneras de moverme.

Luego vino la nutrición, que fue el paso más consciente, ya de adolescente. Mi identidad empezó a girar en torno a explorar. Me acuerdo de cuando salieron los primeros documentales de nutrición, como ‘Super Size Me’, mi hermana y yo nos sentábamos a verlos con un asombro espectacular. Nos metíamos a grupos de Facebook cuando Instagram ni siquiera existía a ese nivel.

Aitana: Hoy tu trabajo principal es ser coach. ¿Cómo empieza ese camino y cómo terminas en Síclo?

Silvana: Fue una transición profesional muy orgánica. Empecé a ser coach mientras todavía trabajaba en oficina, donde llegué a liderar un equipo de 14 personas. Tenía un camino relativamente prometedor y trazado, pero cada vez me llamaba más el mundo del wellness. Sentía que mi trabajo principal ya no me llenaba, que el peso de hacerlo era mayor que cualquier retribución económica, de crecimiento o incluso de liderazgo. Intenté darle un giro, enfocarme en el crecimiento de otras personas, en un propósito más grupal, y aun así se quedó corto. Un día dije: necesito dedicarme solo a esto, que es lo que me llena.

No fue fácil. Cambió por completo mi estructura de vida y la manera en que organizaba mis ingresos. Es una de esas decisiones en las que sabes que encontraste tu camino, pero ese camino también tiene que hacer match con cómo sostienes tu vida. Por eso fue gradual, poquito a poquito.

A Síclo llegué siendo fan: en esa época hacía muchísimo cycling. Acababa de volver de Australia, donde hice toda mi carrera universitaria y me enamoré del barré y del pilates. Lo curioso es que la oportunidad ni siquiera llegó a mí, llegó a mi melliza. A ella la contactaron para las audiciones de barré justo cuando estaba por volver a Australia, y me dijo: "¿Por qué no lo intentas tú?". Yo le respondí que ella era la nutricionista, que con ella tenía más sentido, y no fui a la primera audición. Después me escribieron: "Hay una segunda audición, te estuvimos esperando, ¿por qué no viniste?". Y dije: "Bueno, es una señal". Fui extremadamente nerviosa, hice que mi melliza me acompañara, y pasé. Ahí empezó todo mi proceso de formación. Viendo hacia atrás, me parece gracioso que una parte tan grande de mi vida actual haya empezado con una audición a la que casi no voy.

Aitana: El destino diciéndote "es por ahí". ¿Y cómo funciona el mundo de las certificaciones? ¿Ya tenías alguna cuando hiciste esa primera audición?

Silvana: No tenía ninguna certificación, pero sí unas bases bastante fuertes de noción del cuerpo. Estudiaba muchísimo para entrenar y armaba mis propias rutinas de fuerza. Con mi hermana siempre estábamos al día en biomecánica, obviamente de forma superficial, buscando cómo hacer mejor las cosas. Y en Australia la manera de enseñar era muy didáctica. Con esa noción del cuerpo me entrenaron en Síclo, y después, por mi propia curiosidad, empecé a certificarme.

Al poco tiempo de ser coach me certifiqué en Pilates Mat con una profesora peruana súper capa, de pilates clásico y muy juiciosa con la técnica. Ahí se me abrió un mundo y dije: "Necesito seguir estudiando". Siempre hay que dejar el ego de lado, porque siempre hay personas que saben más que nosotros.

En la pandemia me certifiqué con barré Eclipse Online, que me abrió a cómo enseñan en Estados Unidos, con un lenguaje muy “body positive”. Eso enriqueció mucho la parte más rígida del pilates. Y en abril de este año hice una certificación mucho más holística e intensiva con Ricardo Jaramillo, de Nature Pilates, donde aprendí todas las máquinas. Además me actualizo por mi cuenta de manera más informal, probando clases e inscribiéndome a clases online.

Silvana Galletti abraza a su profesora al recibir su certificado de Pilates Mat
Certificación de Pilates Mat en Zentrum
Silvana Galletti junto a dos instructores con polos de Nature Pilates
Certificación en Nature Pilates

Aitana: Los coaches entrenan como atletas sin necesariamente llamarse atletas: cargan con una exigencia física enorme. ¿Cuánto entrenas hoy comparado con otras etapas de tu vida y cómo manejas esa carga?

Silvana: Siempre me ha gustado moverme muchísimo. Antes de ser coach hacía de todo: jugué fútbol, hice atletismo, hice indoor cycling antes de que el cycling existiera como lo conocemos, cuando era más una bicicleta steady. En esa etapa hacía sobre todo pesas, cycling y barré, cosas que mantengo hasta hoy.

Lo que cambió al convertirme en coach es que ahora no todo movimiento que hago es mi entrenamiento. Mi cuerpo es mi herramienta de trabajo, así que soy muy consciente de la carga, incluso cuando entreno para mí. Trato de llegar cerca del fallo, pero jamás entreno al fallo. Puede sonar controversial, pero sigo a varios coaches de Estados Unidos que admiro muchísimo y que sostienen que no necesitas entrenar tan duro o al fallo. Uno de ellos es Dorian Yates, un bodybuilder súper conocido. Yo aplico lo mismo para recuperarme más fácil: quiero construir músculo y progresar sin quemarme. Como dicto clases todos los días, no tengo el esquema tradicional de entrenar fuerte y luego tener varios días de descanso. Mi prioridad es mantenerme fuerte y consistente durante años en lugar de destruirme en una sola sesión.

Silvana Galletti dictando una clase de barré sobre una tarima
Silvana dictando una clase de barré

Aitana: He tomado tus clases y son matadoras. Muchas amigas en Lima dicen: "Si quieres desmayarte, anda a la clase de Silvana". ¿Cómo organizas tu recuperación? ¿Tienes un split semanal?

Silvana: Antes de ser coach era muy juiciosa y tenía una rutina de recovery, aunque el recovery no era lo que es hoy. Nadie te hablaba de los beneficios del sauna; lo máximo era fisioterapia o stretching. Hoy, con toda esa información disponible, no tengo un split calendarizado ni una rutina espectacular. Mi recuperación empieza siempre desde cómo entreno: no llegar al fallo, manejar bien mi carga y escuchar cuándo puedo exigirme más y cuándo no. Esa flexibilidad es clave.

Últimamente mi recovery favorito es el hot barré, porque disfruto demasiado la sensación de calor. Me da algunos beneficios del sauna sin llegar a temperaturas extremas; hay beneficios que solo se alcanzan a partir de los 40 grados, y en hot barré llegamos máximo a 30 y pico. Me ayuda a sentir el cuerpo más suelto y más flexible, a soltar mientras dicto, porque no hago todo. Es mi release, y lo dicto dos veces por semana. También me hago descargas musculares cuando lo necesito.

Pero probablemente lo más importante es keeping it simple, lo mucho menos sexy: dormir bien, comer bien y ser consistente con mis hábitos y mi suplementación. Soy muy juiciosa con mi ritual de sueño, porque me cuesta dormir, y con la cantidad de actividad que tengo, dormir mal se siente inmediatamente. Para nuestras hormonas también es súper importante. Tener una rutina que me ayude a conciliar el sueño y dormir profundo es mi hito más importante.

Aitana: ¿Hay gadgets, lugares o profesionales que recomiendes para la recuperación?

Silvana: Con los profesionales soy bastante cuidadosa, porque siento que hoy hay mucha pose en el mundo fitness, incluso entre personas muy conocidas. Más que una lista universal, te diría las señales que busco: que el coach realmente te observe, te corrija y esté pendiente de ti, que la clase no sea un show sobre esa persona, y sobre todo que siga estudiando y aprendiendo de gente que sabe más.

En lugares soy fan del sauna, que es lo que más ciencia tiene detrás, y del contraste con frío, aunque en las mujeres sabemos que no necesitamos llevar el frío a extremos.

Como gadget, para mí un anillo inteligente es clave. Pero más que obsesionarme con los indicadores, lo uso principalmente para entender mi sueño y detectar patrones. Esa data para mí es poder: me sirve para progresar y para tener una mirada distinta, sin estresarme.

Aitana: Entremos al ciclo menstrual. Más allá del famoso, pero poco científico cycle syncing, ¿cómo integras la conciencia sobre tu ciclo en tu entrenamiento? Hoy circula mucho el mensaje de "si estás con la regla, no entrenes", pero tú entrenas todos los días.

Silvana: Esta pregunta me parece súper interesante porque recién desde hace menos de un año tengo un ciclo más predecible, aunque todavía no completamente regular. Tuve amenorrea durante ocho años, así que también estoy aprendiendo a conocerme desde ese lado. Y es una sabiduría inmensa lo que nos puede decir el momento del ciclo en el que estamos. No soy fan del cycle syncing; prefiero entender realmente las sensaciones de mi propio cuerpo en cada momento.

Lo de entrenar todos los días depende mucho de la intensidad, y es algo delicado y muy personal. Cada cuerpo es distinto. Para algunos atletas cierto ejercicio es tan cotidiano como lavarse los dientes, y para otra persona puede ser lo más intenso que hace en la semana. Por eso vuelvo a lo de escuchar mi cuerpo.

Sí noto cambios, sobre todo en mi humor y en mi energía mental, y hay síntomas que se exacerban siendo coach. Si estás cansada, lo sientes el doble porque es una demanda física. Y durante mi fase lútea y menstrual, las ganas de hacer ciertas cosas obviamente son más bajas. Pero algo que he aprendido es que el contexto pesa muchísimo. Si estoy durmiendo bien, comiendo bien y mi vida está relativamente ordenada, puedo mantener bastante bien mi exigencia y mi disciplina con el ejercicio.

Por eso no uso mi ciclo como un calendario rígido que me diga qué puedo hacer hoy y qué no. Lo uso como una pieza más de información sobre mi cuerpo, una señal para decir: "Me siento más cansada; claro, estoy en fase lútea". O: "Hoy tengo más energía".

“El ciclo es data, pero no es una sentencia.”

Aitana: Te he visto en clase y en el evento que hicimos juntas, y tienes una energía muy hacia arriba, la de la persona que te empuja. ¿Cómo manejas esa responsabilidad emocional los días en que estás triste, menstruando, cansada o enferma? Imagino que te ha tocado dictar con una gripe fuerte y aun así decir "¡vamos, chicas!".

Silvana: Nos pasa a todos los coaches y es parte del trabajo. Aquí sí soy bastante estricta conmigo misma. Cuando recién empecé, incluso cuando ya me dedicaba al 100%, mucha gente no entendía mi trabajo. Me decían "pero descansa" o "¿por qué sacrificas tu fin de semana?", o me criticaban por no ir a un evento por trabajar. Estaba construyendo un camino nuevo y muchas veces no era comprendida.

Prácticamente nunca pido un cover ni cancelo una clase porque estoy cansada, menstruando o simplemente tuve un mal día. Es mi trabajo, y siento una gran responsabilidad hacia mis alumnos. Ellos reservaron una clase que probablemente es su espacio para soltar, un espacio feliz; organizaron su día para estar ahí, y yo también tengo que estar. Esperan un coach presente y se lo voy a ofrecer. Obviamente existe un límite: una enfermedad fuerte o una situación de fuerza mayor. Pero siempre intento estar presente y dar lo mejor que tenga ese día. Mi 100% a veces va a ser 80 y a veces va a ser 10, dependiendo de mi energía o de lo que esté pasando en mi vida.

Ser coach también me enseñó algo muy importante: la clase no se trata de mí. Me di cuenta de que en esta profesión el alumno es el centro de todo, así que no necesito estar personalmente eufórica para crear esa energía para otras personas. Parte del profesionalismo es saber separar cómo llegaste tú de la experiencia que quieres entregar. Y como líder me importa mucho liderar con el ejemplo. Puedo no estar al 100%, pero mi responsabilidad sigue siendo dar el 100% que tengo ese día.

Silvana Galletti dictando una clase con una mancuerna en alto
Dictando clase
Silvana Galletti posa en un estudio fotográfico con body negro de Síclo
Silvana para Síclo

Aitana: Kirsty Godso dice que cuando das una clase, no se trata de ti ni de cómo se ve tu cuerpo: estás al servicio del bienestar de tus alumnos, y ellos son el spotlight. ¿Qué coaches te han inspirado en la manera en que enseñas, te mueves y te expresas en clase?

Silvana: Definitivamente todos los que me han certificado han forjado una parte de mi camino. Uno siempre rescata cosas que le gustan de otros coaches. Es lo que les digo a los chicos que estoy formando ahora para el nuevo grupo de barré: cuando sientan afinidad con alguien, que rescaten eso para sí mismos, pero sin copiarlo, poniéndole su esencia.

Maricé Solimano, mi primera profesora de pilates, me dio lo clásico, lo estricto: respetar que hay un método de por medio, que no se improvisa, y la importancia de ser estudiosa y juiciosa. Ricardo Jaramillo, a quien descubrí hace poco, me dio una visión más flexible del pilates y me enriqueció muchísimo sobre todo lo que se puede lograr con él.

En barré es más complejo, porque a las personas que admiro no las tengo como profesoras en el día a día; son clases que he probado sueltas o compañeras de trabajo. Por ejemplo, todos saben que me inspiro muchísimo en la manera de enseñar de Inés Morán, de Casa barré. Es una de las pioneras y empezó muy chica; creo que incluso es menor que yo, y es loco admirar a alguien menor que tú. Es demasiado juiciosa y estricta con su método, y recién se está animando a hacer contenido. Durante mucho tiempo fue una voz más silenciosa en el mundo del barré, y aun así es súper conocida.

Otra persona que admiro muchísimo, y que enseña conmigo, es Dani Morán. En su caso es por lo opuesto: estudia muchísimo, pero más que su técnica o sus ejercicios, admiro su coaching y la energía que da. La gente se enamora de ella en sus clases y vuelve porque son adictivas; su manera de ser es adictiva. Eso es lo más difícil de enseñar, y ella lo tiene.

Silvana Galletti en una postura de pilates sobre un mat

Aitana: Me parece importantísimo reconocer el trabajo de otros; todos vamos sacando granitos de arena de las personas que han sido parte de nuestro camino. En nutrición, ¿sigues alguna filosofía o manera de nutrirte?

Silvana: Sí. Recién, escribiendo mi historia personal, me di cuenta de que es una filosofía que va más allá de mi nutrición: es parte de mi manera de ser y de mi propósito. La llamaría flexibilidad sincera.

Flexibilidad, porque fui vegana durante años: casi toda mi estadía en Australia y mis primeros años de vuelta en Perú. Nunca fui vegetariana, fun fact; me fui de frente al veganismo. Mucha gente me decía "guau, qué estricto", pero nunca lo sentí así. Fue una etapa que disfruté muchísimo y de la que no me arrepiento. En Australia era más fácil de seguir, con una filosofía de sostenibilidad y de respeto por los animales. Pero hoy entiendo que esa alimentación no era necesariamente la más óptima para mi cuerpo.

Además, soy muy foodie. La comida es nutrición, pero para mí también es placer y es cultura. Me apasiona la historia detrás de un plato. Me acuerdo de que a los 18 años, antes de que Central fuera el número uno del mundo, me metía al laboratorio de Virgilio Martínez a preguntarle cómo hacían las cosas. Siempre he tenido esa curiosidad por la cultura, por compartir, por cómo come la gente. No quiero vivir negando esa parte.

Y sincera, porque hay que ser realista. A veces usamos tanto el discurso de la flexibilidad y del "no te estreses por lo que comes" que terminamos yéndonos al otro extremo. Tengo que ser sincera con que la nutrición es súper importante y con comer whole foods en la medida de lo posible, y a la vez encontrar un balance: que la mayor parte del tiempo comas de una manera que sirva a tus objetivos y a tu cuerpo, y que también puedas disfrutar tu día a día sin culpa. Que puedas verle el lado bonito a la comida, al placer, a la historia detrás de un ingrediente o de un plato.

“La comida es nutrición, pero también es placer y es cultura.”

Aitana: ¿Tienes una nutricionista favorita? ¿Te haces planes nutricionales siendo coach?

Silvana: La verdad, no me hago planes nutricionales. Mi nutricionista favorita es mi melliza, lejos, porque veo todo el trabajo que le pone a “Raffa Nutri”. Es nutricionista funcional, algo que hoy ya no es tan novedoso pero que en su momento sí lo era. Apenas terminó la universidad empezó a trabajar en un instituto de medicina funcional e hizo una maestría en eso. Siempre ha visto el 360: la parte hormonal, la parte mental, trabajando de la mano con psicólogos y doctores, mandándote a hacer exámenes de sangre y de heces. Siempre fue muy holística, y siempre supimos que esa era la manera correcta. Hoy parece obvio y los nutricionistas están metidos en todo, pero antes no era así.

La admiro muchísimo y es mi guía para todo; cada vez que dudo de algo, le pregunto. Una vez me llevó a hacer un plan nutricional cuando estaba en un nivel extremo de amenorrea, sin saber qué hacer y sin estar contenta con mi peso. En general me alimento de manera intuitiva, porque tengo las herramientas y siempre me he informado, pero ella sigue siendo mi guía.

Retrato en blanco y negro de Silvana Galletti y su melliza
Silvana y su melliza
Retrato en blanco y negro de Silvana Galletti

Aitana: Qué suerte tener una melliza con quien compartir todo este camino. Cuéntame, ¿cómo deciden fundar Orii?

Silvana: Orii es una idea que pensamos hace más de dos años. Nació porque éramos consumidoras antes de ser fundadoras, la típica historia de muchos founders hoy. Tomábamos de todo: pastillas efervescentes que no conseguías en el Perú, bebidas del supermercado que no tenían suficientes electrolitos y estaban llenas de colorantes y cosas artificiales que no nos caían bien a diario. Traíamos productos de afuera y los usábamos después de entrenar fuerte, pero también los días en que sentíamos el cuerpo raro, con poca energía o dolor de cabeza. Cada vez que hablábamos con alguien, descubríamos que muchas personas vivían lo mismo y no encontraban algo así en el Perú. Y es un poco injusto; en LATAM siempre nos pasa que acá no llega nada.

Queríamos democratizar la salud desde ese lugar. Antes habíamos pensado en un producto de salud hormonal, que también nos apasiona, pero nos preguntamos cómo llegar a más personas. Siempre estaba la pregunta de cómo conseguir lo que buscábamos, hasta que dijimos: "Hagámoslo nosotras". Investigando e iterando muchísimo, empezamos a hacer Orii. Queríamos que consumir electrolitos fuera algo simple, diario, rico y cotidiano, lejos de la idea de algo reservado para después de una carrera o de un entrenamiento extremo. Algo tan básico como lavarte los dientes: sacas tu sobre y lo llevas a todos lados, igual que tomas agua. Orii nació de ser consumidoras frustradas que querían compartir y democratizar esa salud.

Aitana: Ahora estás en el wellness como coach, como consumidora y como fundadora. ¿Qué te encanta de este mundo en el Perú y qué sientes que tiene que cambiar sí o sí?

Silvana: Me encanta que el bienestar haya dejado de ser un nicho. Lo demuestran marcas grandes como AJE, que ha sacado opciones más saludables que están en todos lados. Se han masificado muchas opciones mejores, aunque todavía hay camino por delante. Y me encanta ver a esta generación, a los chicos que todavía no terminan de desarrollar el cerebro como para llamarse adultos (hace unos años me enteré de que somos adolescentes hasta los 25), interesados desde el colegio y la universidad en moverse, comer mejor, dormir mejor y entender su cuerpo. Eso nosotros no lo veíamos tanto; era más la vida del “yolo”, de salir. Hay una ola bien bonita de más disciplinas, más estudios y comunidades distintas.

Lo que no me agrada tanto es que el wellness se ha convertido mucho en un performance, como todo lo que se masifica. Me incomoda cuando hay coaches que quieren ser la celebridad de la clase, o gente que quiere figurar más que enseñar, que lo ve como un hito más de su marca personal en lugar de tener el propósito genuino de ayudar y estar presente en los días de los demás. O cuando confundimos motivar con hacer sentir culpable al alumno.

También me preocupan los nutricionistas de moda o los influencers que no son muy buena influencia, porque lo primero que hacen es cortar carbohidratos. He visto alumnas mucho más cansadas, y cuando les pregunto qué pasó me dicen: "Es que me voy a casar y me han cortado los carbohidratos". O la reducción de calorías, o incluso los péptidos, que ahora están muy de moda; se nota en el cuerpo cuando alguien baja de peso de manera drástica. Me preocupa la cantidad de personas que caen en esto por desesperación, y también quienes empiezan a enseñar y sienten que ya no necesitan seguir aprendiendo. Para mí es clave seguir actualizándose, porque tienes la responsabilidad de otra persona delante. Cuanto más enseñas, más consciente deberías ser de todo, y eso también te ayuda a evolucionar como persona.

Aitana: Como mujeres, además de hacer deporte y sentirnos bien, la presión por vernos bien es enorme. ¿Tienes algún framework para mujeres que entrenan y no ven resultados: físicos, y terminan agotadas, con dolor o con una menstruación irregular? ¿Por dónde recomendarías empezar?

Silvana: Algo que me encanta, y que aprendí fuera del wellness, es empezar por lo básico. Yo pasé por lo mismo: con la amenorrea tuve años de síntomas que me frustraban e incluso cambiaron mi actitud ante la vida. Cuando estás agotada todo el tiempo, con dolor, con estreñimiento o diarrea crónica, con bloating constante, te vuelves otra persona. Esa frustración llega a impactar en tu manera de ser y en tu salud mental.

Lo primero que aconsejaría es back to basics, y soltar la idea automática de que la solución es una sola o de que es entrenar más. Aprendí de un psicólogo, en un documental que vi hace años, que así como Maslow tiene su pirámide de necesidades básicas, nosotras también tenemos lo básico: el sueño, el movimiento, las relaciones sociales, la nutrición, y tu contexto.

Si con la mano en el pecho estás haciendo todo bien, es momento de un diagnóstico más profundo, con un doctor en quien confíes y que vea el 360. Si estás entrenando, probablemente vas a hacer doble clic en si estás sobreentrenando, o tal vez el entrenamiento no sea el tema y tus indicadores revelen, por ejemplo, endometriosis, Hashimoto o una disbiosis intestinal que está afectando el resto de tu vida. No todo se arregla con una sola solución.

A mí me pasó que en teoría cumplía todo el checklist, pero me estaba yendo a extremos. Y cuando fui a un médico e hice un diagnóstico real, me di cuenta de que en mis exámenes no todo estaba bien, y lo acompañé con ayuda psicológica. A veces basta con preguntarnos qué está ocurriendo en nuestra vida. Puede ser algo somatizado por un acontecimiento traumático, como la muerte de alguien cercano, y eso también impacta en el cuerpo. No hay una solución perfecta, pero sí un framework: regresar a lo básico y, si lo básico está cubierto, hacer doble clic con un profesional en lo que ya no podemos manejar solas, desde una medicina más holística.

Aitana: Me resuena muchísimo, sobre todo sumar lo psicólogico. Puedes entrenar todo el día, comer increíble y aun así hablarte feo a ti misma. Así nunca va a ser suficiente.

Silvana: Tal cual. Por eso hay que ver el 360.

Aitana: ¿Cómo integras la data en tu estilo de vida, ya sea para performance o para recuperación?

Silvana: Soy una persona muy data driven, pero a veces no sabemos qué hacer con tanta información, así que trato de ser eficiente con lo que realmente me funciona. Para mí el anillo inteligente es clave, como para otras personas lo es su Whoop. Probé el Garmin durante un tratamiento hormonal que tuve que hacer, cuando congelé óvulos, que fue como de yapa. Pero no me dio lo que buscaba: no tenía los indicadores de sueño que para mí eran cruciales.

Lo que más me interesa es cruzar la cantidad de actividad física que hago con cuánto descanso, cómo duermo y la calidad de ese sueño, algo súper difícil de saber por uno mismo. Y para la salud hormonal es importantísimo: saber en qué momento del ciclo estoy y cuáles son mis síntomas a partir de la temperatura y otras señales. Medir mi ciclo no tiene precio; es brutal tener acceso a esa data. Más data siempre va a ser mejor.

Pero hay gente que se obsesiona, y por eso hay que tener mucho cuidado. La data siempre tiene que complementar cómo me siento, sin reemplazarlo; puede ser un arma de doble filo. Si una mañana mi anillo me dice algo y yo estoy sintiendo otra cosa, no dejo que ese número me gobierne automáticamente. Lo miro como información y busco patrones a lo largo del tiempo. Me interesa la data cuando me ayuda a entender patrones y a mejorar, pero no quiero vivir obedeciendo un score. En un momento fueron los pasos; ahora es el sueño o el readiness score. Hay que tener mucho cuidado con eso.

Esta entrevista ha sido editada y condensada para mayor claridad.

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